miércoles, 30 de mayo de 2012

El clima social y las relaciones sociales en el aula



Según Díaz Alcaraz, F., la percepción del espacio por el profesor y los alumnos y la incidencia que ello tiene en la interacción y el estudio de la relación entre el espacio del aula y centro y la actuación de los profesores son variables que hay que tener en cuenta al analizar el clima en el aula.

Al analizar lo que acontece en el aula, se ha de proceder:

-Comprendiendo globalmente lo que sucede en clase.
-Insistiendo diferencialmente en el aspecto/aspectos esenciales que en la interacción preocupa al profesor y alumnos.
-Analizando el conjunto de elementos constitutivos de la relación: ¿Quién inicia y mantiene el discurso, en qué proporción?, ¿Qué respuestas y nuevos discursos se producen?, ¿Qué consideración global te merece?, describe la visión integrada, verbal, no verbal, paraverbal. ¿Qué elementos componen el discurso: vocablos, frases, locuciones, etc.?

El clima social en el aula

Una dimensión prototípica de un grupo humano, en el centro y en el aula, es el clima social que en ellos se construye. El clima hace referencia al conjunto de actitudes generales hacia el centro, aula, tareas formativas que los agentes de las clases generan y que en su totalidad definen un estilo de relación humana. El clima social es resultado del estilo de vida que configuran los miembros del centro y del aula; según Moos, es una de las dimensiones esenciales del ambiente. El clima social es un constructo formado por el conjunto de relaciones creadas entre los miembros del aula y centro, que se evidencia en el uso que los mismos hacen del discurso.
Un concepto más amplio de clima es el denominado clima de clase por Moos (1979), quien establece como factor determinante del clima los siguientes:

-El contexto de la escuela y de la clase.
-Las características físicas y arquitectónicas.
-Los factores organizativos (sistemas de agrupamiento).
-Las características del profesor (interacción con los alumnos).
-Las características del estudiante.

Entre las relaciones sociales que pueden darse en el aula destacamos a modo dicotómico las de colaboración, confianza, satisfacción, empatía, autonomía, igualdad, apertura, competitividad, desconfianza, insatisfacción, rechazo, dependencia, desigualdad y cerrazón.
Estas relaciones han sido contrastadas con profesores, alumnos y expertos.
El clima es fruto del intercambio socio-comunicativo; por ello, sin interacción el clima social no existe, al menos desde la perspectiva socio-relacional. El clima se configura como fruto del encuentro, participación y reflexión de los miembros de la clase y centro.
La actividad de enseñanza es esencialmente relación social y comunicativa; el intercambio y la afirmación de sus miembros requiere del acercamiento mutuo y de la construcción de un marco de significados en los que tiene sentido el proceso de enseñanza aprendizaje.
Esto nos lleva a pensar que la síntesis entre el saber didáctico-pedagógico, el saber disciplinar y el pensar y hacer socio-relacional constituyen los vértices del triángulo por excelencia de la formación del docente, completando las dimensiones de ser, saber y saber hacer.

El contexto o espacio físico del aula

Beltrán (1984), al analizar el espacio físico del aula, señala las siguientes variables que hemos de considerar al estudiar el entorno: el asiento, la organización espacial de la clase, nivel de ruidos y flexibilidad del entorno físico. En el aula destacamos como contexto los siguientes componentes:
-El centro como realidad espacio guión arquitectónica.
-La realidad física del aula.
-El espacio y mobiliario configurador.
-El decorado global (paredes, lámparas, colores, formas) y el espacio simbólico representacional asumido y construido por los miembros del centro y aula.

El centro como realidad arquitectónica es un espacio dado en el que habitualmente poco puede hacer el docente para cambiarlo; las exigencias administrativas y urbanísticas determinan desde el estilo hasta la ciudad escolar. El espacio de uso y aprovechamiento del centro es posible adaptarlo a las exigencias de los profesores y alumnos, al menos desde una óptima disponibilidad funcional, no obstante, la transformación arquitectónica global es muy difícil.
La realidad física del aula es un espacio dado por un mobiliario otorgado; es posible que la capacidad ideativa de los usuarios den al espacio físico una redistribución y utilización que sea una proyección de su forma de entenderlo y vivirlo.
El aula es una esfera microsocial crucial, localizada en un espacio específico, que es investido de diferente simbolización por los agentes intervinientes. La estructura global del aula, la disposición de sus elementos: mobiliario, cuadros, paneles, medios didácticos, etc., pueden configurar distintos subespacios (rincones) de realización de proceso de enseñanza-aprendizaje en su conjunto y diferencialmente.
El profesor ha de dar especial significado a la estructuración física de su clase, a la creación de espacios y a la luminosidad de los mismos.
La estructura espacial del aula condiciona el tipo de interacción que se genera y esencialmente el clima social que se configura. Así un espacio amplio, luminoso, con adecuada diferenciación entre subespacios y actividades facilita el intercambio, la apertura y el acercamiento entre los alumnos y el profesor, espacios reducidos, con limitada luminosidad y colorido oscuro suscitan climas de agresividad, distanciamiento y cerrazón de la interacción.
La importancia del espacio queda mediada por la imaginación del profesor y alumnos para organizarlo, superando limitaciones y generando atmosferas con gran interacción.

Modelos de organización del espacio

Weinstein (1981) señala: “Una de las primeras decisiones que el profesor ha de adoptar a la hora de diseñar el ambiente de clase es si organiza el espacio de la clase en términos territorios personales o bien en términos de funciones”.
Estos serían los dos modelos fundamentales de organización de la clase por lo que respeta a Primaria. Para Secundaria, donde tienen distintos profesores para las diferentes áreas o materias, pueden plantearse además otras modalidades. Por ejemplo: rotar a los alumnos por aulas especializadas cada una en un área: aula de ciencias, aula de lenguaje, aula de plástica, etc.; o bien, como es más usual por cómodo, pero no por funcional, mantener cada curso en un aula y hacer rotar a los profesores. Organizar la clase en términos de funciones implica dividir el espacio en virtud de las diversas áreas de trabajo. Así es como está distribuido el espacio en las aulas de infantil, mediante la técnica de rincones.
Organizar la clase en términos de territorios personales, lo tradicional entre nosotros, implica que cada alumno posee su propio pupitre y toda la clase realiza el mismo tipo de actividades.
Dentro de la dimensión objetiva del espacio se puede distinguir componentes fijos y variables. Hall (1960) utilizó el término espacio fijo para aquellos elementos permanentes del espacio físico a los que necesariamente deberá acomodarse el profesor a la hora de organizar las actividades. El espacio fijo condiciona de modo permanente las actividades a realizar, ya que afecta al comportamiento de las personas dentro de ese espacio (dimensión de la clase, forma de los pupitres, situación de los focos de luz, condiciones de habitabilidad, etc.) y la forma como se comunicarán entre sí.
Por su parte, los elementos semimóviles del espacio (pupitres, ficheros, biombos, sillas, mesas, etc.) permiten introducir modificaciones que mejoren el ambiente.
También se ha señalado la estética como uno de los aspectos a tener en cuenta en el aula. Lo bello actúa como una “facilitación del aprendizaje”, colores atractivos, plantas, posters, asientos confortables, sistemas complejos de luces, etc… Una clase de bella afecta al mantenimiento de la atención, a la participación de los estudiantes, a la informalidad y cohesión del grupo.
La disposición de las mesas de trabajo y pupitres no condicionan tan solo el tipo de implicación de los alumnos, sino también la conducta posible del profesor, los tipos de desplazamientos a realizar, tanto por profesores como alumnos y la intimidad de la interacción.

Weinstein (1981) sugiere las recomendaciones siguientes al profesor:

-Moverse a través de la clase todo lo posible.
-Dirigir a propósito comentarios a los alumnos sentados en la parte posterior y a los lados.
-Cambiar periódicamente a los alumnos de lugar.
-Animar a los alumnos que habitualmente se sientan en la parte de atrás a venirse hacia delante.
-Si se enseña a un grupo pequeño, no desperdigarlo innecesariamente a lo largo de un aula grande.
-Utilizar la elección del puesto que hacen los alumnos como un indicador, una pista de su autoestima y del aprecio por la escuela.

Disposición de la clase por áreas de funcionamiento

Según Díaz Alcaraz, F., lo importante es que el profesor sea capaz de manejar el ambiente del aula. Una disposición funcional puede convertirse a la larga en igual de rutinaria y rígida que las tradicionales filas de pupitres. Y, si el profesor no puede alterar  esa inicial disposición por zonas, para él, por muy progresista que sea la organización, ésta parece como una condición externa, una limitación a la que tienen que acomodar sus proyectos. En definitiva, es para él un instrumento más a utilizar como recurso didáctico, para mejor acomodar la programación a las necesidades de sus alumnos y a la dinámica del proceso.

Destacar el carácter de instrumento que juega el espacio físico como recurso que el docente puede utilizar para restablecer las condiciones de funcionamiento que su valoración le aconseja. Weinstein señala algunos principios prácticos a tener en cuenta a la hora de organizar por zonas funcionales la clase o de cambiar tales zonas:

-Las diferentes zonas de interés han de estar raramente delimitadas.
-Las zonas han de estar colocadas de acuerdo con las exigencias de las actividades a realizar en ellas en lo que se refiere a tranquilidad, protección, recursos espaciales (agua, electricidad, luz, etc.).
-Las actividades incompatibles, como por ejemplo los juegos de construcción y la lectura, han de estar bien separadas.
-Todas las zonas han de ser accesibles visualmente por los alumnos.
-Los pasillos han de ser claros y no deben atravesar zonas de trabajo.
-Ha de evitarse el dejar amplios espacios libres que propicien las peleas o actividades frenéticas.
-La mesa del profesor ha de colocarse en un ángulo o esquina de manera que posibilite los movimientos a lo largo de la sala.
-Los materiales han de estar fácilmente accesibles y cerca de las respectivas zonas de trabajo.
-Las clases han de poseer espacios opcionales para estar solo, para trabajar en grupos pequeños, para estar con grupos amplios, mesas individuales y otras para grupos, zonas enmoquetadas, etc.…

1 comentario:

  1. Hola, quisiera que me indicaras por favor, de dónde parafraseaste la cita de Alcaraz. gracias.

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